LA NARANJA MECÁNICA
Hace algún tiempo que reconozco la existencia y el funcionamiento de una maquinaria naranja muy bien engrasada y lista para manipular y deformar la opinión publica de muchos peruanos. Ahora bien, la maquinaria a la que hago mención no es específicamente la de Stanley Kubrick, sino una que por su relación cromáticamente cítrica llama poderosamente mi atención. Y por naranja me refiero al movimiento político del procesado Alberto Fujimori.
Así pues, analizaré en primer lugar el desarrollo de esta maquinaria, la imagen de un personaje que creo es su principal exponente, como también los resultados que dicha dinámica ha ido obteniendo en tan poco tiempo. En segundo y último lugar, intentaré esbozar una reflexión sobre el deber y la deuda que tiene el ex presidente y ahora procesado Fujimori. Algo así como la re direccionalidad en la cual debería encausarse la maquinaria de esta vehemencial naranja.
Así pues, analizaré en primer lugar el desarrollo de esta maquinaria, la imagen de un personaje que creo es su principal exponente, como también los resultados que dicha dinámica ha ido obteniendo en tan poco tiempo. En segundo y último lugar, intentaré esbozar una reflexión sobre el deber y la deuda que tiene el ex presidente y ahora procesado Fujimori. Algo así como la re direccionalidad en la cual debería encausarse la maquinaria de esta vehemencial naranja.
La maquinaria
Cuando busco referirme a la maquinaria del fujimorismo (movimiento curiosamente basado en la imagen de una persona y no en un corpus de ideales por los cuales se fijan los derroteros de sus partidarios) no puedo desligarlo de un personaje por demás peculiar. Me refiero con ello a Carlos Raffo. Pero más allá de los espasmos abdominales que puede causar este personaje (ojala fuera solo por su apariencia) no puedo evitar reconocerlo como una suerte de kamikaze que busca lanzar a como de lugar una cantidad considerable de ataques contra todos los personajes que dificultan la defensa en el proceso judicial que afronta su procesado “jefe”. Ahora bien, a este personaje poco le importa la acefalia de sus argumentos, sino que de mucho le vale el lanzar desesperadamente el fango de la duda sobre personajes claves como testigos, autoridades, abogados, instituciones y parte de la sociedad civil.
Así pues, Raffo se dirige a un sector de la población que forma su opinión de manera poca profunda y que solo se alimenta de los titulares sesgados como los que presenta el diario La razón. Información que no argumenta ni analiza, sino ataca y desprestigia olvidando por completo su labor como medio informativo ético y veraz. Y que lamentablemente, va obteniendo muy buenos resultados para la consecución de sus fines.
En ese sentido me gustaría reproducir algunas de las posturas con las que me he encontrado a lo largo del proceso. Y que por experiencia propia lo vengo encontrando en mujeres mayores de 30 años, con ello no busco sesgar este porcentaje sino solamente develar lo palpado por este servidor. Los comentarios son por ejemplo: “por qué somos tan ingratos, sino fuera por el chino y el ejercito nada hubiera cambiado”; (el chino…) “hizo lo que hizo, pero gracias a él tenemos hospitales, carreteras, colegios, etc.”. Y como también repiten Raffo y mucho seguidores “Fujimori fue el gran artífice en la derrota al terrorismo”.
Ahora bien, sobre estos comentarios me gustaría centrarme sobre dos puntos. 1) este tipo de argumento de lo que perdimos sobre lo que ganamos es muy similar a la justificación que hacen las mujeres que sufren maltratos por causa de sus parejas. Es decir, soportan los golpes y el maltrato porque al final tendrán asegurados el alimento y la atención. Espero se me perdone la fuerza del ejemplo, pero nada justifica la violencia así se brinden seudos paliativos que no buscan reparar las faltas sino encubrir y silenciar sus culpas por medio de artilugios que compren la tranquilidad de unos cuantos. 2) cuando me refiero al juicio que emite Raffo sobre Fujimori y el fin del terrorismo, no podemos dejar de relacionar al procesado como un líder que estuvo muy al pendiente de todos los detalles que dieron como resultado la neutralización del terrorismo. Es decir, pensamos en un personaje que analizaba ininterrumpidamente la coyuntura y los informes de inteligencia para con ello realizar y brindar órdenes en la dirección de los más importantes aparatos estatales a su cargo. Es decir que nos estamos refiriendo a un líder en todo sentido. Responsable de las acciones que lograron derrotar y neutralizar al terrorismo. Conocedor y personaje activo en la toma de decisiones, por ello responsable de los activos y los pasivos de las mismas en la dirección de su gobierno. Sin embargo, cuando se plantea por otro lado la defensa del ex presidente (no presidente como algunos personajes en un acto fallido se niegan en calificar, se alega que éste tenía total desconocimiento de muchas –casi todas- las decisiones que fueron tomadas por las FFAA y sus destacamentos. Y que además, no emitió orden alguna. Así pues, encuentro un contrasentido entre la figura del líder activo de Raffo y el personaje pasivo y amnésico de Nagasaki.
De retorno a la formación de opiniones, muy lejos de alcanzar un análisis profundo del asunto, una parte considerable de la población cae bajo el juego manipulador y desprestigiante de Raffo y la maquinaria naranja de dicho movimiento político. Ello me cuestiona sobre manera: ¿qué ocurre con esa parte de la población? ¿Por qué no dan el paso hacia la construcción de una ciudadanía? Es decir, que el ciudadano tenga la consigna de estar adecuadamente informado para con ello defender sus derechos y desarrollarse sobre la responsabilidad de sus deberes y la promoción de sus capacidades y habilidades. Pero dicha capacidad a la que hago mención se encuentra limitada. ¿Es que no solo se les ligaron las trompas a muchas mujeres indefensas, sino que también se ligaron las mentes de varias personas más?
La deuda de Fujimori
En diciembre de 1982 cuando se le otorgaron a las FFAA todos los poderes para contrarrestar el asedio terrorista, el Estado deja y olvida muchas de sus responsabilidades para con la ciudadanía en general. Ello era un deber de los distintos aparatos de Estado, es decir apoyar a las poblaciones más vulnerables y afectadas al encontrarse en medio del fuego entre las fuerzas terroristas y las de las FFAA. Sin embargo ello no ocurrió. Por tanto, estos actores deberán ahora hacerse cargo de la responsabilidad de sus actos y omisiones en estos años de violencia interna.
Esta responsabilidad no solo fue exclusividad de Fujimori sino también de anteriores presidentes como el caso de Belaunde y el temprano –porque estamos en el los días de un “tardío”- Alan García. Pero de igual manera la cordura y la prudencia recaían en la figura del presidente de la república y sus cercanas esferas de poder.
Ahora, existe un patrón violentista que se ha ido repitiendo en varios países de la región como también en países africanos y asiáticos; pueblos que han sucumbido bajo la brutalidad armada de varios gobiernos autoritarios. Sin embargo, cuando muchos de estos gobiernos fueron derrocados o políticamente derrotados, se instauraron procesos judiciales sobre las responsabilidades de estos regímenes. De esta forma, muchos de estos responsables reconocieron sus errores y brindaron disculpas públicas hacia todas las poblaciones afectadas. Ahora, si bien es cierto que con ello no se repara el daño causado, sí se consigue la expresión de un gesto de arrepentimiento y redención.
Muy por el contrario, observamos una distinta práctica la que van empleando el procesado Fujimori y varios mandos militares. Así pues, en lugar de movilizar toda una maquinaria dedicada al ataque y el desprestigio, deberían de brindar un primer paso dirigido hacia la expiación de sus faltas y el apoyo incondicional hacia el proceso en causa. En ese sentido, podemos resaltar el poder que tiene la palabra. Pero de Fujimori solo hemos escuchando negativas tanto de acción como de omisión. Tal vez aquí Sócrates tenga mucho que decirle al procesado Fujimori: una vida que no ha sido revisada, no merece la pena de ser vivida. Aquí encontramos la deuda que ha tiene pendiente Fujimori con los peruanos y con la historicidad de nuestra región; el reconocimiento de sus errores y faltas. Este seria entonces un paso significativo hacia una historia expectante de verdad, justicia y reconciliación.
Muy por el contrario, observamos una distinta práctica la que van empleando el procesado Fujimori y varios mandos militares. Así pues, en lugar de movilizar toda una maquinaria dedicada al ataque y el desprestigio, deberían de brindar un primer paso dirigido hacia la expiación de sus faltas y el apoyo incondicional hacia el proceso en causa. En ese sentido, podemos resaltar el poder que tiene la palabra. Pero de Fujimori solo hemos escuchando negativas tanto de acción como de omisión. Tal vez aquí Sócrates tenga mucho que decirle al procesado Fujimori: una vida que no ha sido revisada, no merece la pena de ser vivida. Aquí encontramos la deuda que ha tiene pendiente Fujimori con los peruanos y con la historicidad de nuestra región; el reconocimiento de sus errores y faltas. Este seria entonces un paso significativo hacia una historia expectante de verdad, justicia y reconciliación.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada