lunes 17 de marzo de 2008

NO MÁS HIJOS PARA LA GUERRA, NI UNO MÁS


La frase que ahora nos sirve de título resume el anhelo y la postura de muchas mujeres colombianas. Es decir, esta consigna no solo presenta una fuerza simbólica arrolladora, sino que encarna la determinación de negarse a toda manifestación de violencia y terror
Ahora bien, todo el contexto que busco armar guarda relación con una de las crisis más agudas y complicadas que nuestra región haya experimentado en los últimos años. Me refiero con ello al cisma político y diplomático vivido entre Colombia y Ecuador –entre otros entusiastas- por la invasión de territorio ecuatoriano y la incursión contra las FARC en dicho país.

Si bien me gustaría referirme a la última cumbre del Grupo de Rio, solo diré que fuimos espectadores del milagro de la razón. Una pequeña luz que se develó ante tanto agravio y diferencias políticas. Sin embargo, fueron rescatables algunas sinceras y preocupadas participaciones. Ahora bien, resalto la cuota de género y mesura aportado por la presidente Bachelet, pero no el enmascarado extremismo feminista de la presidente Kirchner. Pero finalmente, la sangre no llegó al rio y dicha cumbre terminó –esperemos ello- con un abrazo entre los presidentes en contienda.
Sin embargo, lo que busco resaltar en esta modesta intervención es el papel que cumplieron las organizaciones civiles y gran parte de la población en general. De esta manera, toda Colombia salió a las calles a manifestar nuevamente su negativa a toda manifestación de violencia que involucre a más colombianos y colombianas, militares y civiles, nacionales y extranjeros. Entre dichas movilizaciones tuve la suerte de presenciar uno de los más grandes compromisos de amor y resistencia frente a la guerra y la destrucción. De esta forma seis mujeres vestidas de blanco y con lagrimas en la sangre gritaban: “las mujeres colombianas no pariremos más hijos para la guerra, ni uno más”.

(Luego de volver a experimentar rabia, pena e indignación, me reconozco –aún- humano dentro de este vacio de compromisos y silencios inmovilizantes. Es decir, aún tengo fuerzas y créditos para seguir llenando este espacio con ideas e imágenes.)

Posteriormente, observo a los pocos días una de las más diáfanas expresiones de civismo y democracia. Una verdadera construcción de sentido compartido. Me refiero con ello al concierto titulado “Paz sin fronteras”. No puedo dejar de observar a todas aquellas esperanzas juntas, a todas esas diferencias unidas contra la violencia, la muerte y la destrucción. Admiro ese blanco apolítico que invocó no solo lagrimas en este modesto redactor, sino llamó a la reconsideración por seguir apostando en la humanidad.
Todas estas manifestaciones sociales y culturales nos han demostrado que no solo basta el poder político para cambiar el rumbo de nuestras naciones. Si nuestros pueblos han salido de la sombra del autoritarismo y del conflicto interno, no ha sido solo por las políticas que sus estados implantaron en sus debidos momentos, sino por la presencia que la sociedad civil volcó por calles y plazas. Para el caso de nuestro país, la historia no ha sido para nada diferente. Sin embargo, la tarea continúa pendiente y aún hay mucho trabajo por realizar. Nosotros los ciudadanos debemos recordar que somos agentes de cambio, propuesta y transformación. En ese sentido me animo a nombrar a un grupo de jóvenes de las más diversas profesiones que se han unido para seguir realizando el anhelo de construir una cultura de paz. Ellos participan en un proyecto conjunto del Instituto Bartolomé de las Casas y el movimiento civil Para que no se repita. Estos jóvenes profesionales egresados de distintas universidades del paìs viajarán a distintas regiones de nuestro territorio dejando a sus familias y centros de trabajo por el sueño de país compartido, inclusivo, justo y libre de todo tipo de violencia y terror. Pero como ellos, existen por suerte muchas otras instituciones que continúan apostando por la construcción conjunta de un país nuevo y diferente, dónde se respeten las diferencias y se dignifiquen la vida, la justicia y la verdad.

En ese sentido, Sabiduriadelamor expresa y hace suya todas aquellas expresiones que manifiesten un deseo progresivo por la construcción de un nuevo continente: justo, libre, abierto, comprometido y con una cultura de paz para todas y todos los ciudadan@s de este mundo.