
Me es por demás penoso el comenzar los comentarios de este año con un tema tan lamentable, triste como indignante.
No solo debemos ser los indignados observadores de dos violentas partidas, de la a-patia crónica del estado peruano sino del oportunista y sesgado discurso de -nunca me apenó tanto el posesivo- “nuestros” políticos locales.
En lugar de preguntarnos por una plataforma de recursos que resguarden la dignidad de nuestras apaleadas fuerzas del orden, reclaman acción y postura de organizaciones que gratuitamente han sido sindicadas con algún tipo de responsabilidad.
¿En qué momento las organizaciones pro-DDHH se volvieron responsables directos de la seguridad en los operativos policiales? ¿No es acaso el estado peruano y las autoridades policiales de alto mando las encargadas de brindar a los efectivos policiales todos los respaldos políticos, administrativos y legales? Me animo a pensar que lo segundo tiene mas sentido.
¿De dónde nace entonces ese discurso que distorsiona la responsabilidad hacia las organizaciones de DDHH?
Algunas lecciones del pasado fueron erróneamente aprendidas. En lugar de desterrar la práctica de confeccionar “cortinas de humo”, hemos hecho pericia de este oportunista hábito. De manera tal que el acusar sin el menor gasto argumentativo tiene acogida si se es el primero en lanzar una pesada piedra. Orquestando así una cadena de comentarios que imitan los mismos excursos que descubren viejos y desinformados resentimientos.
Ruego por favor no se malinterpreten estas líneas. La pérdida de los tres valerosos policías es por demás lamentable. En ese sentido son justificadas las reacciones de familiares y efectivos que se encontraban en el lugar de los hechos. Pero por más triste que sea el descubrir que algunas instituciones no se desvelan por proteger la vida y dignidad de sus miembros, es el Estado -y las autoridades respectivas- las encargadas de responder ante los deudos y la ciudadanía. La labor de las organizaciones pro DDHH tienen el deber moral de pronunciarse a favor de los derechos de aquellos que no cuentan con una estructura legal, política y administrativa como la que cuentan todas las fuerzas del orden. El problema radica en que esa estructura de poder esta habitada por el oportunismo y la incompetencia.
Por otro lado, invito a la familia policíaca y militar a no repetir discursos desfasados por ser poco ciertas. Es erróneo pensar que varias de las organizaciones pro DDHH se encuentran de espaldas a respetar la dignidad de nuestras fuerzas del orden. Ya que si hacemos memoria, miles de organizaciones asistieron a las Audiencias públicas donde muchos nos compadecimos del dolor de varios efectivos en retiro que brindaron su testimonio de victimas ante la violencia desmedida e infeliz de las fuerzas subversivas. Además, en las conclusiones del IFCVR se resalta la importante labor que cumplieron la Policía nacional y las Fuerzas armadas, algo que se ha resaltado en más de un centenar de veces; que no se escucha o no se quiere escuchar es un tema aparte. También el Movimiento Ciudadano Para Que No Se Repita alberga varias organizaciones de afectados por la guerra interna, y entre ellas se encuentra una asociación de viudas de la PNP. De manera tal que no es muy ciertos eso de que las organizaciones que trabajan continuamente por hacer respetar los Derechos Humanos en el Perú se encuentran a favor de la anarquía y el abuso en la defensa de culpables. Nuestros valerosos policías no deben caer abatidos por fusiles cobardes que rechazan el diálogo, el respeto a las leyes y a la propia dignidad de un ser humano igual a uno mismo.
¿Qué les hace falta a nuestras autoridades para compadecerse (padecer con el otro y su dolor) del destino del subalterno? Tres tempranas muertes son muertes, de civiles o no civiles. Mancha de un poderoso carmesí cualquier operativo y a cualquier conciencia que no volvería a dormir si antes no repara las fallas para que pérdidas como éstas no se vuelvan a repetir jamás.

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